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Una verdadera REVOLUCIÓN es espontánea. Esa revolución recibe el nombre de REBELIÓN.

Hay más diferencias entre estas tres palabras, entonces podréis ser capaces de entender mi perspectiva.Osho

La reforma no demanda demasiado. “Engalana tu puerta de entrada”, te dice, pero puedes dejar que el resto de la casa siga estando sucia. Puedes vivir rodeado de suciedad, sin que tus vecinos lo vean. Sin embargo la entrada debe estar muy cuidada porque lo que les interesa a tus vecinos no es tu ser interno, tu morada interna. Pasan por delante y solo miran la entrada. Puedes hacer lo que quieras, pero en el patio trasero. De modo que la puerta principal se convierte en una fachada, un escaparate, una vitrina para que tus vecinos la vean. Pero, en realidad, vives en el patio trasero, no en la puerta principal. La puerta principal simplemente está ahí, es artificial; no entras por ella ni sales por ella; solo está ahí para que los demás la vean.

Fíjate en tu fachada; todo el mundo tiene una. Se llama cara, máscara, personalidad, porque es una imagen: la barra de labios, el maquillaje y la cosmética te otorgan una imagen. Tú no eres eso, solo es el maquillaje.

La revolución es algo más profunda, pero solo un poco. Cambia tu salón para que puedas invitar a la gente a sentarse ahí. En la India esto sucede con mucha frecuencia. El salón es precioso, pero ¡no vayas más allá! La cocina está sucia y mugrienta, y mejor no hablar del baño. Nadie se ocupa del ni del baño ni de la cocina, solo se ocupan del salón. Ahí es donde reciben a sus invitados.

Esto es falso, no llega a tu verdadero ser pero mantienes tu prestigio. La moralidad es eso: un hermoso salón. Incluso puedes llegar a tener en el salón un cuadro de Picasso, si es que te lo puedes permitir. Todo depende de lo que te puedas permitir.

Precisamente el otro día leí esta historia:

Un hombre llevó a su amigo, que vivía en las afueras, a dar una vuelta por la ciudad. Estaban disfrutando del ambiente cuando éste dijo: “Oye, mira que chica tan guapa hay ahí. Nos está sonriendo, ¿la conoces?”.

“Claro, es Pepi… veinte dólares”.

“¿Y la morenita que está con ella? ¡Está buenísima!”.

“Esa es Dolores, cuarenta dólares”.

“¡Fíjate en lo que se acerca por ahí…! Eso es lo que se dice realmente primera clase”.

“Gloria, ochenta dólares”.

“¡Madre mía!”, exclamó. “Pero, ¿es que en este pueblo no hay chicas buenas y respetables?”.

“Claro que las hay”, responde el amigo, “pero no te las puedes permitir”.

La moralidad solo llega hasta un punto, y más allá tropieza y desaparece. Todo el mundo tiene un precio. El hombre moral tiene un precio. Fíjate en ti…, si vas por la calle y te encuentras mil dólares, es posible que intentes buscar al dueño, pero si te encuentras diez mil dólares, lo dudarás…. ¿qué harás, buscar al dueño o no? Y si te encuentras cien mil dólares ni siquiera te lo planteas, te los quedas. Eso demuestra cuan  profunda es tu moralidad…, mil, diez mil, cien mil…, todo el mundo tiene un precio. Uno solo puede llegar hasta cierta cantidad, a partir de ahí, sería un sacrificio demasiado grande. ¡La moralidad no vale tanto! Entonces, vale la pena ser inmoral.

La persona moral no es completamente moral; solo hay unas primeras capas de moralidad pero luego llega la inmoralidad. Es muy fácil arrastrar a la inmoralidad a una persona moral. Solo es cuestión de saber su precio.

Mulla Nasruddin viajaba en un compartimento de primera clase con una mujer. Iban solos. Él se presentó y luego dijo: “¿Le gustaría dormir conmigo esta noche?”.

La mujer se ofendió considerablemente y le dijo: “Pero, ¿qué se ha creído usted? ¿Se ha vuelto loco? ¿Por quién me ha tomado? ¡Yo no soy una prostituta!”.

Mulla respondió: “Le puedo dar diez mil dólares”.

La mujer empezó a sonreír, y se le acercó cogiéndole de la mano.

Luego Mulla dijo: “¿Qué le parecerían diez dólares?”.

Entonces la mujer volvió a decir: “Pero, ¿por quién me ha tomado?”.

Mulla respondió: “Yo ya sé lo que eres. Solo estamos discutiendo el precio”.

Siempre es una cuestión de precio. Por diez dólares la mujer se enfada. Pero por diez mil estará dispuesta. Pero, no te rías de ella, todo el mundo está en esta en las mismas circunstancias. La moralidad no te transforma. Va más a fondo que la reforma, tiene un precio más elevado, pero al final, en el fondo de tu ser sigues siendo el mismo.

La reforma es una revolución parcial. La revolución es una revolución externa. La rebelión es una revolución interna. Solo puedes confiar si ha ocurrido lo interno, en caso contrario, no podrás hacerlo. La reforma te convierte en un hipócrita; la revolución te convierte en un esquizofrénico. Solo la rebelión puede darle plenitud a tu ser, espontaneidad, salud, totalidad.

La reforma te hará respetable. Si lo que quieres es respeto, te bastará con una reforma. Te da una personalidad plástica. Externamente será muy atractiva, aunque por dentro estés podrido y apestes, pero nadie podrá oler tu apestoso ser porque te protege el plástico. Por dentro cada vez estarás más sucio, pero por fuera seguirás teniendo un buen  aspecto.

La revolución creará una división dentro de ti. Te convertirá en un santo, pero reprimirás al pecador. El pecador no se ha integrado en el santo, se ha quedado aparte. La revolución te volverá dos personas, creará dos mundos dentro de ti. Reprimirás lo natural, y lo moral quedará en primer lugar. El que va primero, la persona moral, intentará controlar a la persona natural que está por debajo. Pero, por supuesto, ¡la persona natural es mucho más poderosa porque es natural! Y se vengará; se colará en tu vida por todos los puntos débiles que encuentre. Perturbará tu moralidad, te creará un sentimiento de culpa y estarás constantemente en conflicto, porque no se puede dominar lo natural.

Tu apoyo, tu apoyo intelectual, se dirige hacia lo moral, pero todo tu ser apoya lo natural. Lo moral es lo consciente, y lo natural lo inconsciente. Lo consciente es muy pequeño y lo inconsciente es nueve veces más fuerte y más grande. Al conocer únicamente la parte consciente, la moralidad sigue actuando en la mente consciente, pero en la mente inconsciente, que es nueve veces más fuerte, y toda clase de inmoralidades se irán desarrollando y echando raíces. Eso te convertirá en un santo y un pecador; reprimirás al pecador que esperará el momento oportuno para salir a la luz, para vengarse.

Por eso todo el mundo está tan triste; la gente está tan consumida de malgastar toda su energía en este conflicto. Se produce una tensión constante. El santo siempre está tenso, angustiado, asustado; está asustado porque ha negado su propio ser. ¡Pero eso que ha negado sigue estando ahí! Y antes o después desplazará al moralista, al egoísta, al oponente consciente. Desplazará al oponente.

El santo siempre está al límite de una especie de locura. Y tú lo sabes… cada vez que intentas ser un santo te das cuenta de que estás al límite. Cualquier nimiedad puede desequilibrarte y hacerte perder la cordura. Cuando estás dividido, estarás engendrando y desarrollando dentro de ti una neurosis.

LA REBELIÓN es una revolución interna. La rebelión empieza “dentro” y la reforma empieza “fuera”. No empieces nunca por lo exterior. Empieza por tu núcleo interno. Empieza por tu propio ser. La reforma te irá diciendo lo que debes hacer. La revolución te dirá cómo ser más santo, cómo tener mejor carácter, buenas cualidades. La revolución creará una dura corteza, una armadura que te protegerá de lo exterior y también de lo interior. Una dura armadura de acero que es lo que llamamos “carácter”.

Un verdadero ser humano no tiene carácter. Jesús no tenía carácter y ese era el problema, si no hubiera sido así, los judíos no se habrían enfrentado a él de esa manera. Era líquido, no tenía carácter ni armadura. Estaba abierto, vulnerable, indefenso, porque no era un moralista. No era un santo sino un sabio.

La reforma te convierte en un caballero. La revolución te convierte un santo. La rebelión te convierte en un sabio. Jesús era un sabio, Buda era un sabio. Todo lo que hacían no era porque tenían una determinada moralidad, sino porque tenían cierto entendimiento; no era porque habían recibido unas normas del pasado, sino la  consecuencia de una conciencia espontánea.

La Rebelión depende de la conciencia, la revolución depende del carácter, y la reforma de las formalidades.

Empieza a ser más consciente y empezarás desde lo más íntimo. Deja que la luz salga de ahí y se difunda para que todo tu ser se llene de luz. No se puede llegar desde el exterior. La única forma es hacerlo desde el interior, igual que una semilla crece desde el interior, brota desde su interior y se convierte en un gran árbol. Permite que tu trabajo interior también sea así…, crece como si fueses una semilla.

La reforma es un parche, es como un lavado de cara… un arreglo por aquí, otro por allá, pero la estructura básica ni siquiera se toca. La reforma puede estar a favor o en contra de la revolución; depende de ti. Hay dos tipos de reformistas: los que preparan el terreno a la revolución y los que intentan evitarla. La reforma te hace sentir que las cosas van mejor, por tanto ¿para qué hacer una revolución? ¿Para qué molestarte? La reforma te infunde esperanzas y la gente ya no intenta rebelarse. Así que depende de ti.

Una persona con las ideas claras también podrá usar la reforma, pero alguien que no sea consciente no podrá usarla como medio para la revolución, al contrario, la reforma se convertirá en un obstáculo. Y lo mismo ocurre con la revolución. La revolución puede ser una puerta hacia la rebelión pero solo si hay conciencia, de lo contrario, es un obstáculo. Uno piensa: “Ahora que ha habido una revolución, ¿para qué profundizar más? Es un exceso”.

De modo que la reforma puede ser un impedimento o una ayuda. Lo mismo ocurre con la revolución. Todo depende de tu conciencia, de tu comprensión, de tu comprensión de la vida.

Haz que esto sea una de las reglas fundamentales de tu vida y tu trabajo: en última instancia todo depende de tu comprensión, de la profundidad de tu comprensión. Cuando no hay comprensión, lo que podría haber sido de gran ayuda puede convertirse en un obstáculo. Y, a veces, incluso algo que podría ser venenoso puede volverse medicinal con la comprensión. Todas las medicinas están compuestas de venenos; no matan y ayudan a curar a la gente. El veneno se convierte en una medicina cuando está en buenas manos, pero cuando no lo está, hasta una medicina puede ser un veneno".

Del libro : CAMBIO – Como convertir una crisis en una oportunidad – Autor: Osho

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3 Comment(s)

  1. Reforma, revolución o rebelión por Osho: Una verdadera REVOLUCIÓN es espontánea. Esa revolución recibe el nombre… http://bit.ly/lsiYeU

    Gabriel | may 30, 2011 | Reply

  2. Reforma, revolución o rebelión por Osho: Una verdadera REVOLUCIÓN es espontánea. Esa revolución recibe el nombre… http://bit.ly/lx05De

    Mr Trader | may 30, 2011 | Reply

  3. Osho es la neta del planeta

    hugo | jul 4, 2011 | Reply

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