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Aquí les acerco un informe de Universia Knowledge@Wharton.

La fiebre del ‘shale oil’ llega a Argentina

La presidenta de Argentina, volvió de una baja médica de tres semanas a finales de enero dispuesta a pelear con la industria del petróleo. Si las compañías de petróleo hubieran mantenido o aumentado sus inversiones, el superávit comercial del país podría haber sido mayor en 2011, dijo la presidenta. "Tuvimos que importar US$ 9.000 millones en combustible, un aumento del 110% respecto a 2010".

A diez manzanas de distancia de allí, 300 ejecutivos e ingenieros, la mayor parte de ellos de EEUU y de Canadá, conversaban de forma animada sobre qué hacer para que el país vuelva a recibir inversiones. La razón por la cual Argentina ha pasado a ser el centro de atención de esos profesionales es obvia: allí hay perspectivas prometedoras para la extracción de petróleo y gas de esquisto bituminoso.

Hace poco más de una década, era casi imposible extraer petróleo y gas de las rocas de pizarra. Actualmente, gracias a nuevas tecnologías de amplia difusión en EEUU y en Canadá, ha aumentado el entusiasmo de las compañías de petróleo por países como Argentina.

Según un estudio de la U.S. Geologic Survey de abril del año pasado, es posible que haya 774 billones de pies cúbicos de gas natural en las formaciones de pizarra argentinas, el equivalente a 300 años de consumo actual. Si esa estimación fuera correcta, Argentina tiene la tercera mayor reserva de gas no convencional del mundo, detrás de China y EEUU. En noviembre de 2011, YPF, filial local de la española Repsol, anunció que había usado pozos verticales para comprobar la existencia de reservas del orden de 927 millones de barriles de petróleo y de gas natural no convencional en Neuquén, provincia argentina productora de petróleo.

"En mi opinión, por eso la sala está llena", dijo Laurance Narbut, un gestor de porfolio, que participaba en el congreso "Shale Gas & Tight Oil 2012" en Buenos Aires. "Los resultados obtenidos en Argentina fueron espectaculares. Neuquén tiene la infraestructura necesaria. Con el descenso de la producción, hay capacidad en exceso. Todo el mundo está corriendo para allá".

Los participantes en el evento parecían listos para lanzarse a competir, ya con el talonario de cheques en la mano. Estaban allí representantes de ExxonMobil, Total y Statoil, así como del Citi y del Bank of America. Entre las empresas que también garantizaron presencia en las regiones de petróleo de esquisto de Argentina están Shell y EOG. La razón de tanto entusiasmo es simple: aunque la explotación del petróleo de esquisto en América del Norte sea un tremendo éxito, Argentina puede ofrecer perspectivas aún mejores, por lo menos desde el punto de vista geológico. Pero habrá que solucionar cuestiones fiscales, medioambientales y sociales antes de que se pueda transformar, de hecho, en petróleo y gas, la oportunidad que ofrece el país.

Nuevas estrellas del petróleo

Iniciada a principios de los años 2000, la explotación de los esquistos de petróleo y gas natural en EEUU y en Canadá pasó de ser una tecnología marginal a una de las actividades que más crecen en el sistema de energía de esos países. Los pronósticos son que ese crecimiento continúe. El Departamento de Energía de EEUU prevé que suministre un 45% del gas natural usado en EEUU en 2035, frente a un 14% en 2009. La oferta resultante de la explotación redujo los precios del gas natural. El precio del barril en los mercados futuros es de US$ 102,96, un aumento del 26% entre principios de 2010 y el primer día de negociaciones de este año. El gas natural, que tradicionalmente sigue la tendencia del petróleo, tuvo una devaluación del 49%, o US$ 2,88 por millón de BTU (unidad térmica británica) en el mismo periodo. EEUU, un consumidor voraz de gas natural licuado importado, medita ahora exportar el combustible.

Como Argentina piensa replicar en el país el boom de los esquistos que ha tenido lugar en América del Norte, toda la atención se gira hacia Neuquén, una región situada a los pies de los Andes y a 700 Km. al norte de Buenos Aires. Los dos yacimientos, conocidos como Vaca Muerta y Los Molles, son más espesos que los explotados actualmente en EEUU. Para extraer los hidrocarburos del petróleo localizado en las bases de EEUU y de Canadá, las empresas perforan pozos horizontales relativamente caros y, a continuación, fracturan las rocas inyectando en ellas millones de litros de agua de elevado contenido químico y miles de toneladas de arena, de manera que el petróleo y el gas puedan salir.

Los yacimientos de Neuquén son tan espesos en muchos puntos que, según los ingenieros, saldría más barato usar pozos verticales. YPF dijo que sus 15 pozos verticales produjeron un total de 5.000 barriles al día.

Argentina, sin embargo, no va a enriquecerse de la noche a la mañana. Hay riesgos que no han sido debidamente evaluados: nadie sabe cuál es, de hecho, el potencial de estos yacimientos. Tal vez YPF haya tenido suerte. Hay pocas plataformas disponibles de perforación y casi ninguna bomba para la fracturación.

Además, el público ya comenzó a manifestar su preocupación por el medio ambiente; aparte de eso, el abastecimiento de agua en Neuquén ya está racionado. Un grupo autóctono local exige ser incluido en el proceso de planificación, con derecho a la consulta previa. Si las empresas consiguieran solucionar esas dificultades, tendrían aún que lidiar con los impuestos argentinos, que limitan el volumen de ingresos a que los productores tienen derecho con la venta de combustibles fósiles.

Costes elevados, precios bajos

De todos los problemas enumerados, el contexto fiscal del país es lo que más preocupa a los líderes de la industria. La simple comprobación de las reservas existentes y el inicio de los trabajos locales requieren una inversión de muchos millones de dólares; además, un Gobierno tradicionalmente populista como el de Argentina puede desanimar a quien piense enriquecerse con el yacimiento.

"Para mí, Argentina es un país muy arriesgado", dice David R. Mares, profesor de Ciencias políticas del curso de estudios latinoamericanos de energía del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Rice, en Texas. Respecto a los posibles problemas que los líderes pueden causar a los inversores del sector de petróleo, Mares recuerda que Argentina obligó a los productores de gas a pagar de entrada impuestos más elevados y, a continuación, parar la exportación a Chile, el cliente más lucrativo de las empresas. Si, de pronto, el Gobierno "necesita más dinero, o surgiese otro problema cualquiera, él dirá simplemente que el impacto ambiental no era lo que se esperaba". El Gobierno cuenta con el apoyo de la población para ese tipo de comportamientos, añade.

Americas Petrogas, empresa canadiense con participación en el yacimiento que será explorado en Neuquén, tiene una joint venture con ExxonMobil que ya comenzó los trabajos de perforación para la extracción de petróleo y gas no convencional. La iniciativa espera invertir entre US$ 1.500 millones y US$ 2.000 millones en el transcurso de los próximos cinco años, según Guimar Vaca Coca, director gerente de la compañía canadiense. En el futuro, el desarrollo de un proyecto simple de explotación de petróleo de esquisto bituminoso y su ampliación para una operación a gran escala podrá suponer US$ 17.000 millones a lo largo de diez años, dice Vaca Coca.

Conseguir que las empresas inviertan cantidades tan elevadas en Argentina no será fácil. El Gobierno controla los precios del gas natural. Debido a la forma en que las tarifas y los impuestos del país están estructurados, las empresas que trabajan con los pozos ya operativos tienen establecido un límite al precio que pueden cobrar por el gas cuando los precios suben. Pero cuando los precios caen, no hay límite a cuánto pueden mermar los ingresos de esas empresas. Eso significa que el precio medio a largo plazo será menor en Argentina que en otros países. Por lo tanto, cuando el dueño de un pozo vende gas destinado al abastecimiento de residencias, se limita el precio a cerca de 60 céntimos por millón de BTU. Eso es menos de 1/5 del precio que las compañías de gas pagan por el gas destinado a los usuarios industriales, dijo Mauro Soares, de Tecpetrol argentina, durante una presentación en el congreso de Buenos Aires.

Las exportaciones de gas pueden generar más dinero. Pero como los precios bajos hicieron que la demanda interna aumentara cerca de 1/3 desde los años 90, llegando a prácticamente 1,6 billones de pies cúbicos al año, Argentina exportó menos gas en los últimos años. Retomar las exportaciones es una cuestión políticamente delicada. Los líquidos de gas natural, una forma de hidrocarburo también conocida como gasolina natural, son más lucrativos que el gas natural, pero aún así son exportados por menos de US$ 40 el barril debido a un impuesto de exportación. El precio que los compradores pagaron en el puerto, en Argentina, estuvo por encima de US$ 60 el barril durante buena parte del año pasado.

El petróleo, responsable de la mayor parte de las reservas de esquisto bituminoso comprobadas por YPF el año pasado, se podrá vender a precios más elevados. Pero al igual que ocurre con los líquidos de gas natural, los precios de exportación tienen un techo. Aunque los precios de exportación del petróleo crudo estén por encima de US$ 100 el barril FOB en los puertos argentinos, los productores no podrán recibir más que US$ 42 el barril.

Es posible que Argentina cambie algunas de esas políticas. El Gobierno ya implantó programas de incentivos conocidos como Más Gas y Más Petróleo, que permiten que los productores reciban más por unidad de petróleo o gas, con tal de que inviertan en nuevos proyectos de producción.

Crece la presión para que se hagan más reformas. Argentina pasó de ser exportador neto de petróleo y de gas a ser importador. Es posible que también se convierta en breve en importador neto de petróleo. A pesar del impacto de eso en el orgullo nacional, el efecto sobre la balanza de pagos del país es incuestionable, según observó la presidenta en su discurso de enero.

Es difícil saber cuánto tienen que cambiar las cosas para que los inversores se sientan atraídos y permanezcan en el país. De momento, las empresas están dándose prisa para participar en la explotación de las reservas y a la espera del momento en que podrán comenzar a perforar, incluso con las actuales normas fiscales. En Venezuela, reglas onerosas e imprevisibles no impidieron que las compañías de petróleo invirtieran allí. Tal vez la parte más estresante de la situación fiscal argentina sea el hecho de que las reglas nunca son de verdad. Los términos establecidos para atraer a las empresas se pueden cambiar una vez hechas las inversiones, y en el caso de las compañías petrolíferas, no es posible coger su pozo e irse a casa.

Mares, de la Universidad Rice, dice que las empresas probablemente van a querer atenuar los riesgos elaborando contratos que permitan una inversión rápidamente amortizable durante los primeros años de producción, reduciendo el riesgo de un cambio súbito en las políticas del país.

Riesgos ambientales y sociales

En América del Norte, la perforación de los yacimientos en roca de pizarra se ha vuelto un motivo de controversia debido a posibles problemas relacionados con el medio ambiente. Lo que más preocupa allí son los pozos acuíferos, tanto en lo que concierne al agua que aprovisiona la fracturación como a la contaminación por medio del agua que contiene hidrocarburos. La población que vive próxima de los lugares de la fracturación se queja de la presencia acentuada de metano en el agua potable, lo que generó una preocupación que tuvo mucha repercusión: la posibilidad de que el agua se inflame al salir del grifo.

La industria reacciona diciendo que buena parte de esas preocupaciones son puras exageraciones o que la situación es gestionable. John Hayne, socio gerente de ZaZa Energy, que produce gas de esquisto en la formación de Eagle Ford, en Texas, resalta que la cuestión del agua inflamable en el grifo se ha estado discutiendo desde hace años en las regiones donde hay hidrocarburos, y eso mucho antes de las técnicas de fracturación. Él dice que la fracturación no contamina las aguas subterráneas, ya que la inyección tiene lugar con frecuencia a varios kilómetros de profundidad bajo la superficie de los pozos de agua aislados por capas de roca menos permeable.

Desafortunadamente para la industria del petróleo, los ecologistas argentinos son famosos por su cautela exagerada, prefiriendo no confiar en las medidas de seguridad de las empresas. El movimiento de protección del medio ambiente, por ejemplo, ganó una serie de litigios para prohibir el uso de cianuro en provincias con actividades mineras, a pesar del largo historial de seguridad de la industria en lo que concierne a la manipulación del cianuro. Don Virgilio Bressanelli, obispo de Neuquén, dijo a la prensa local de forma reciente que aunque se acepte la explotación de petróleo y gas por medios no convencionales, la forma de hacerlo no puede ser perjudicial para los pozos acuíferos y tampoco causar terremotos. La industria aprendió muchas cosas de EEUU y Canadá, y parece ansiosa por evitar la mala reputación que la fracturación tiene en América del Norte. Aunque no tengan aún ninguna estrategia de comunicación, muchos líderes de la industria creen que vale la pena pensar en el asunto antes de que sea demasiado tarde para presentar su versión de la historia.

Otro riesgo es consecuencia de las relaciones con los grupos indígenas locales en las áreas de pizarra bituminosa. Los nativos mapuches, de la comunidad de Gelay Ko, exigieron que Apache Energy pare de perforar en Barda Negra, en la provincia de Neuquén. Ellos dicen que la empresa es una amenaza para las fuentes de agua potable locales, y que no se puso en contacto con la comunidad para consultarle, según informaciones de la prensa local.

Vaca Coca, de Americas Petrogas, fue cuestionado en el congreso de Buenos Aires sobre el asunto. Él dijo que los indígenas en cuestión ya no vivían en la región desde hacía décadas, pero que algunas personas habían montado un campamento en el área desde que la empresa comenzó a producir petróleo. Él clasificó de "gestionable" la situación. Sea como sea, las empresas necesitan tomar en cuenta el hecho de que los grupos autóctonos locales son un riesgo en potencia a la hora de hacer negocios en esas provincias.

Tiempos de prosperidad a la vista

Neuquén tiene actualmente un exceso de gasoductos, de manera que las primeras compañías petrolíferas que producen petróleo de esquisto bituminoso local no necesitan preocuparse de eso. Pero esos gasoductos son la excepción a la regla. En general, la escasez es la norma. A la región le falta maquinaria para el servicio, personal y otros ítems necesarios. La animación que se veía en los stands de la feria de negocios durante el congreso es señal de que no hay escasez de empresas que quieran llenar el vacío existente. Las que ofrecen servicios de adecuación al medio ambiente, inspecciones aéreas, explosivos para fracturación de las rocas de pizarra y gestión de desechos están todas interesadas en entrar en Argentina para sacar ventaja de las necesidades que surgirán con el aumento de la explotación del petróleo no convencional.

Entre las principales necesidades, se pueden citar los servicios de bombeo y de camiones para el transporte de arena, agua y productos químicos. La gestión del agua es una de las actividades primordiales de cualquier lugar de fracturación, ya que las empresas de servicios necesitan tratar el agua contaminada producida en un pozo. Empresas del sector de construcción de carreteras y de la construcción civil también podrán sacar provecho del boom de petróleo de esquisto bituminoso.

A pesar de los riesgos, es probable que a corto o a largo plazo Argentina incremente la explotación de formaciones de pizarras bituminosas para la producción de petróleo y gas. "Quién sea capaz de contrarrestar el riesgo", dice Mares, "tendrá un recurso atractivo con que trabajar".

 

Fuente: Wharton

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