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Neil King Jr. y Jonathan Weisman

Cuando le presentó hace unos meses un informe al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el economista Jared Bernstein se adentró en detalles tan minuciosos como los retornos sobre diferentes formas de crédito según el riesgo. Más tarde, Paul Volcker, el ex presidente de la Reserva Federal, le hizo una pregunta en privado a Bernstein: “¿Por qué le interesarían al presidente estos detalles?”.

“Eso es lo que quiere”, le respondió Bernstein.

Muchos presidentes dirigieron la política desde arriba y evitaron los detalles exactos de la mayoría de las cuestiones específicas. Obama adoptó un estilo diferente, en particular cuando se trata de la economía, en su empeño por sacar a EE.UU. de la peor crisis financiera que ha enfrentado desde la Gran Depresión.

Siguiendo un ritual en la Casa Blanca, el presidente se reúne con sus asesores todas las mañanas de lunes a viernes en la Oficina Oval para ponerse al día y debatir sobre el estado de la economía. El rango de temas que se tratan es amplio, desde la falta de empleo hasta la obesidad infantil. Obama no suele pasar por alto las minucias.

El equilibrio en la gestión

Según algunos asistentes, en estas sesiones el presidente a veces les reprocha a los asesores sus limitaciones, y les consulta sobre temas mencionadas por críticos o les pide que adopten una postura distinta a la propia. En algunas ocasiones, cita cartas enviadas a la Casa Blanca para ofrecer un contrapunto a alguna postura adoptada por su equipo.

El estilo de administración de un presidente puede determinar la impronta de un gobierno. Jimmy Carter era un conocido microgerente, a menudo enfrentado con sus propios asesores, y recibió muchas críticas en Washington por el énfasis que ponía en los detalles de las políticas de gobierno. “Si los dos riesgos son operar a un nivel demasiado generalizado o gestionar de forma excesivamente detallista, es necesario encontrar un equilibrio entre los dos”, afirma Peter Orszag, el director de presupuesto de la Casa Blanca.

Más allá de cuáles sean los méritos o fallas del estilo de Obama, a veces resulta complicado que sea aceptado por sus oponentes y el país en general. Tras unos primeros meses tranquilos en el gobierno, su agenda se ha estancado en medio de una oposición cada vez mayor, incluso por parte de miembros de su propio partido. Según la encuesta más reciente de The Wall Street Journal/NBC News, de fines del mes pasado, su índice de aprobación pública fue de poco más de 50%, una caída en comparación con el 61% de abril.

El intento de Obama por reformar el sistema de salud de EE.UU. ha desatado una reacción violenta, marcada por encendidas peleas en consejos comunitarios patrocinados por legisladores.

Robert Dallek, un biógrafo presidencial, afirma que el enfoque de Obama será juzgado según el éxito que tengan sus políticas. “Si la economía no se recupera, algunas de las críticas que le hicieron a Carter se las podrían hacer también a Barack Obama”.

La atención por los detalles de Obama ha teñido sus primeros meses en el gobierno con un ligero matiz paradójico. El presidente ha impulsado una agenda ambiciosa que implicaría rehacer grandes partes de la economía de una forma tan amplia que causó oposición incluso entre algunos demócratas. A estos les preocupa el peligro que puede suponer involucrar demasiado al gobierno en la economía y elevar excesivamente los impuestos y el gasto. Sin embargo, pese a luchar por una agenda ambiciosa, en el último momento Obama ha demostrado ser cauto en muchos frentes, afirman los allegados al presidente.

[Obama]

Obama prometió implementar una regulación financiera fragmentada. En cambio, propuso recortar sólo una agencia y crear otra. Luego de atacar los altos salarios de Wall Street, impuso lo que algunos consideran restricciones relativamente modestas. Y aún enfrenta desacuerdo dentro de su equipo sobre cómo reformar la regulación financiera.

Informe diario

Desde hace mucho tiempo, los presidentes de EE.UU. comienzan su jornada con una actualización sobre noticias y asuntos pendientes, llamado el informe presidencial diario (PDB, por sus siglas en inglés). El “PDB económico” es el apodo que le dan sus allegados a las sesiones extra que convoca Obama, que suelen durar 40 minutos.

Entre los asistentes, además de Bernstein y Orszag, destacan el secretario del Tesoro, Timothy Geithner; el asesor económico Larry Summers; el jefe de personal, Rahm Emanuel; el asesor político David Axelrod, y Christina Romer, directora del Consejo de Asesores Económicos.

Los informes económicos, concebidos por Emanuel, comenzaron el día siguiente a la asunción de Obama. Las sesiones no sólo ayudan a mantener al presidente al tanto de la economía global sino que también le ofrecen a su equipo una idea general de lo que piensa Obama.

Summers es quien organiza las reuniones, elige los temas, y a veces actúa como el abogado del diablo. “Suelo adoptar el rol de asegurarme de que las discusiones durante el informe diario incluyan opiniones distintas a las de los asistentes a la reunión”, afirma Summers, ex secretario del Tesoro durante el gobierno de Bill Clinton. Los allegados señalan que Obama suele cuestionar la “propuesta dominante” bajo consideración e insiste en ser informado sobre propuestas que él y su equipo no apoyan.

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